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Los ciudadanos son cada vez más conscientes de la degradación progresiva de los pavimentos de las carreteras españolas. No hace falta que nadie se lo diga, por lo que no se puede afirmar que, quien subraye esta degradación, esté provocando una alarma injustificada. Por otro lado, los medios de comunicación tradicionales (prensa, radio, televisión) se han empezado también a hacer eco de una situación que se torna cada día más preocupante.

Sin embargo, parece que quienes deben tomar decisiones siguen aún sin darse cuenta de cuál es el problema real, ni tampoco de que urge adoptar medidas. Ciertamente, el estado de conservación de las carreteras españolas no figura entre las principales preocupaciones de nuestros dirigentes políticos, mucho más interesados en inaugurar que en conservar. Se argumenta que la falta de presupuesto para las carreteras es debido a las enormes dificultades económicas y, como justificación, se nos bombardea con toda suerte de indicadores al respecto. La lógica más elemental aconsejaría entonces paralizar o suprimir las nuevas inversiones en infraestructuras de transporte ante la verdadera prioridad: conservar lo que ya tenemos.

¿Falta un indicador mediático para informar a la sociedad sobre el estado de las carreteras (Editorial nº10 de la Revista Asfalto y Pavimentación?

No hemos podido hasta ahora esgrimir un indicador mediático que sirviese para poner de manifiesto ante la opinión pública cuál es el estado de conservación de nuestras carreteras. Pero quizás ha llegado el momento de elaborar alguna herramienta que permita trasladar la situación real de los pavimentos de las carreteras y que ayude a los políticos a entender qué se les está diciendo, con la esperanza, por supuesto, de que a continuación tomen decisiones y actúen.
Esa herramienta puede ser el empleo de un indicador numérico, de una nota en definitiva, que informe de cuál es la situación en un momento dado y cuya variación en el tiempo real refleje, por tanto, cómo va evolucionando dicha situación, sea a mejor o a peor.

En las administraciones viarias que tienen implantados verdaderos sistemas de gestión, los indicadores, y sus corres pondientes modelos de evolución, se emplean habitualmente en la gestión viaria como elemento indispensable de la planificación de la conservación, de cara a la optimización de las actuaciones. Sin embargo, aquí estamos hablando de algo mucho más sencillo y que ha de tener una clara fuerza mediática, para que pueda ser comprendido sin dificultades por los responsables políticos, por los medios de comunicación y por los ciudadanos.
Ejemplos de indicadores mediáticos hay muchos. En los últimos tiempos, quizás el que ha tenido más éxito es la denominada prima de riesgo, a pesar de que algunos ciudadanos no sepan exactamente lo que es y de que se exprese en una escala un tanto extraña. Pero todos sabemos que, si la prima de riesgo sube por encima de 200, las cosas no van nada bien; que si supera los 400, la situación es muy preocupante y que, si pasa de 600, estamos al borde del abismo.

El indicador mediático de las carreteras podría ser simplemente una nota de 0 a 10. No hay que olvidar que en todos los países, el referente de las calificaciones académicas es algo que la gente entiende con facilidad. Y ya hay precedentes.

La American Society of Civil Engineers (ASCE) elaborate periódicamente lo que denomina “Report Card for America’s Infrastructure”, es decir, un boletín de calificaciones (grades) de cada una de las infraestructuras relacionadas con el transporte, el agua, la energía y el medio ambiente.
En su web (http://www.infrastructurereportcard.org) lo expresan muy claramente: “The American Society of Civil Engineers is committed to protecting the health, safety, and welfare of the public, and as such, is equally committed to improving the nation’s public infrastructure. To achieve that goal, the Report Card depicts the condition and performance of the nation’s infrastructure in the famil iar form of a school report card
—assigning letter grades that are based on physical condition and needed fiscal investments for improvement”.

Un juicio técnico sobre dicho estado, el monto de las inversiones necesarias para que ese estado fuera aceptable (en definitiva, para que se recupere el valor patrimonial), el impacto sobre el medio ambiente (por ejemplo, en términos de emisiones de CO2) y, finalmente, la valoración de los conductores profesionales.

Leer las calificaciones y las informaciones que la ASCE proporciona para cada infraestructura, y en cada estado de la Unión, resulta tremendamente aleccionador. Considerando como punto de partida lo que señala la propia ASCE en el párrafo que se ha reproducido, el indicador mediático sobre el estado de las carreteras podría integrar distintos aspectos: un juicio técnico sobre dicho estado, el monto de las inversiones necesarias para que ese estado fuera aceptable (en definitiva, para que se recupere el valor patrimonial), el impacto sobre el medio ambiente (por ejemplo, en términos de emisiones de CO2) y, finalmente, la valoración de los conductores profesionales.

Por supuesto, el indicador debe recalcularse con una cierta periodicidad, probablemente mensual o trimestral, y naturalmente distinguiendo entre administraciones (en las regionales y en la estatal discriminando, si fuese posible, provincia a provincia).
Urge, pues, desarrollar este indicador mediático, que haga posible, de manera más o menos continua, valorar el estado de conservación de nuestras carreteras, e informar de ello a toda la sociedad y a los responsables políticos a través de los medios de comunicación. Es una tarea que deberíamos considerar del máximo interés.
De momento, la pregunta surge sola: ¿cuál sería la nota global de las carreteras españolas en este verano de 2013?

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